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jueves, 16 de mayo de 2013

FÁTIMA - 1ª Aparición de LA VIRGEN





Llevaban a su rebaño fuera de Aljustrel en la mañana del 13 de mayo, la fiesta de Nuestra Señora del Santísimo Sacramento. Los tres niños pasaron por Fátima, en la zona donde se encontraban la parroquia y el cementerio, y caminaron aproximadamente un kilómetro hacia el norte en dirección a las pendientes de Cova. Aquí dejaron que sus ovejas pastorearan mientras ellos jugaban en la pradera en la que había algún que otro roble.

Después de haber tomado su almuerzo alrededor del mediodía, decidieron rezar el rosario, aunque de una manera un poco desordenada, diciendo sólo las primeras palabras de cada oración. Al instante, se sobresaltaron por lo que después describieron como un "rayo en medio de un cielo azul". Pensando que una tormenta se acercaba dudaron si debían recoger las ovejas e irse a casa.

Preparándose para hacerlo fueron nuevamente sorprendidos por una luz extraña.

Comenzaron a ir cuesta abajo llevando a las ovejas hacia el camino. Cuando estaban en la mitad de la cuesta, cerca de un roble, (el “Gran árbol” que hoy en día está rodeado por una reja de hierro), fueron sorprendidos por otro rayo, y después de dar unos cuantos pasos más, vieron en otro roble, (uno más pequeño situado en la parte baja la colina), a una Señora vestida de blanco, que brillaba más que el sol, irradiando unos rayos de luz clara e intensa, como una copa de cristal llena de agua pura cuando el sol radiante pasa por ella.

Se detuvieron asombrados por la aparición. Estaban tan cerca que quedaron envueltos por la luz que la rodeaba, o que la Señora irradiaba, a una distancia aproximada de metro y medio.

Por favor no temáis, no os voy a hacer daño

LUCÍA  respondió por parte de los tres, como lo hizo durante todas las apariciones.

¿De dónde eres?

Yo vengo del cielo.

La SEÑORA vestía con un manto blanco, con un borde dorado que caía hasta sus pies. En sus manos llevaba las cuentas del rosario que parecían estrellas, con un crucifijo que era la gema más radiante de todas. Quieta, LUCÍA no tenía miedo. La presencia de la SEÑORA le producía solo felicidad y una alegría confiado.

¿Que quieres de mi?

Quiero que regreses aquí los días trece de cada mes durante los próximos seis meses a la misma hora. Ya te diré quien soy, y qué es lo que más deseo. Volveré aquí una séptima vez.

¿Y yo iré al cielo?

Sí, tú irás al cielo.

¿Y Jacinta?

Ella también irá.

¿Y Francisco?

El también, amor mío, pero primero debéis rezar muchos Rosarios.


La SEÑORA miró a Francisco con compasión por unos minutos, matizado con una pequeña tristeza. LUCÍA después se acordó de algunos amigos que habían fallecido.


¿Y María Neves está en el cielo?

Si, está en el cielo.

¿Y Amelia?

Está en el purgatorio.

Ofreceréis a Dios y aceptaréis todos los sufrimientos que Él os envíe,
en reparación por todos los pecados que le ofenden y por la conversión de los pecadores.

Oh sí, lo haremos"

Tendréis que sufrir mucho, pero la gracia de Dios estará con vosotros y os fortalecerá.


LUCÍA relata que mientras la SEÑORA pronunciaba estas palabras, abría sus manos, y
fueron bañados por una luz celestial que parecía venir directamente de sus manos. La realidad de esta luz penetró en sus corazones y en sus almas, y sabían que de alguna forma esta luz era Dios, y podían verse abrazada por ella. Por un impulso interior cayeron de rodillas, repitiendo en sus corazones:

 "Oh Santísima Trinidad, te adoramos. Mi Dios, mi Dios, te amo en el Santísimo Sacramento"

Los niños permanecieron de rodillas en el torrente de aquella luz maravillosa, hasta que la SEÑORA habló de nuevo, mencionando la guerra en Europa, de la que no tenían noción alguna.

Rezad el Rosario todos los días para traer la paz al mundo y el final de la guerra.


Después de esto la SEÑORA comenzó a elevarse lentamente hacia el este, hasta que desapareció en la lejanía. La luz que la rodeaba parecía que se adentraba entre las estrellas. Es por eso por lo que los niños decían a veces que vieron los cielos abrirse.

Los días siguientes estuvieron llenos de entusiasmo, aunque los niños no pretendían que fueran así. LUCÍA había advertido a Jacinta y Francisco que mantuviesen la visita de la SEÑORA en secreto, adivinando las dificultades que tendrían si los acontecimientos se supieran. Sin embargo la felicidad de Jacinta no pudo ser contenida, y pronto se olvidó de su promesa de silencio y le contó todo a su madre, quien la escuchó pacientemente pero dio poca credibilidad a los hechos. Sus hermanos y hermanas se metían con ella con preguntas y chistes.
Entre la familia, solo su padre, Ti Marto estuvo inclinado a aceptar la historia. Creía en la honestidad de sus hijos y tenía una simple apreciación de las obras de Dios, de manera que en realidad se convirtió en el primer creyente de las apariciones de Fátima.

Por otra parte, la madre de LUCÍA,  cuando finalmente escuchó lo que había ocurrido, creyó que su propia hija era la instigadora de un fraude, e incluso de una blasfemia. LUCÍA comprendió rápidamente lo que la SEÑORA quiso decir cuando afirmó que sufrirían mucho. Su  Madre, María Rosa no pudo hacer que LUCÍA se retractara, incluso bajo amenazas. Finalmente la llevó a la fuerza a ver al párroco, el Padre Ferreira, sin lograr ningún cambio en la niña.

Por otro lado, el padre de LUCÍA, el cual no era muy religioso, estaba prácticamente indiferente, atribuyendo todo a los caprichos de mujeres. Las siguientes semanas, mientras los niños esperaban la próxima visita de la SEÑORA en Junio, les revelaron que tenían pocos creyentes, y muchos en contra en Aljustrel y en Fátima.


Las narraciones estás basadas, naturalmente, en el testimonio de Lucía, recogidos en diversos escritos y finalmente nos hemos utilizado dos fuentes: Aciprensa y en Ewin.com


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